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El tema de los peajes a camiones no puede estar más de moda en los últimos meses, gracias al Plan de desvío de camiones de las carreteras nacionales del Ministerio de Fomento, o lo que es lo mismo, imponer tramos obligatorios sometidos a peaje a los camiones prohibiéndoles circular por las carreteras nacionales paralelas. En España no están nada bien vistos los peajes en general, pero en el sector del transporte es realmente un tema tabú. Y eso que ni se menciona en el plan de Fomento la innombrable “euroviñeta”

Y sí, es cierto, somos reacios a cambios, a que nos impongan más obligaciones, más costes, vamos muy ajustados de precio y esto en un sector tan debilitado frente a los cargadores es innegociable, el peaje se lo va a comer la cuenta de resultados del transportista sí o sí, pero es que además, el peaje, al menos en el caso español, es injusto, discriminatorio y peligroso para la incipiente recuperación económica por la que parece que avanzamos.

Recientemente tuvimos la ocasión de vivir un interesante debate entre asociaciones de transportistas, técnicos, constructoras, representantes de conductores particulares… gracias a una Jornada organizada por la Fundación Corell sobre los “Criterios para la justa aplicación de la tarificación de las carreteras españolas”. Y la opinión de cada uno de ellos en relación a los peajes obligatorios es clara: asociaciones de transporte, representantes de conductores particulares por un lado y constructoras por otro. ¿Quién estará a favor y quién en contra de los peajes a camiones?

Hay que empezar por aclarar un punto relacionado con el título de la jornada: el sector del transporte nunca entenderá que hay criterios de justicia para la imposición de peajes obligatorios a los camiones. Hay que entender el título de la jornada más bien en relación con los criterios que hacen que no sea de justicia la aplicación de estos peajes. Veamos porqué.

El profesor José Manuel Vasallo fue el encargado de presentar las conclusiones de un estudio titulado igual que la jornada en donde se pone de manifiesto que la justicia (económica, fiscal, social,…) descarta los peajes a los camiones. La conclusión es que la aportación del transporte por carretera al tesoro público supuso en 2012 algo más de 20.000 millones de euros (básicamente por Impuesto Especial de Hidrocarburos), lo que da una aportación por kilómetro de 0,1132 euros, mientras que los parámetros utilizados para establecer el cálculo de la tasa aplicable a los camiones, de media, resulta en 0,1071 €/km, por lo que la aportación del transporte supera un poco lo que debería pagar. Imponer el peaje a camiones supondría que éstos tienen que pagar dos veces por lo mismo, porque las infraestructuras se han construido con nuestros impuestos, incluidas las financiadas con fondos de la Unión Europea, que salen de los impuestos que pagamos los europeos.

Hasta aquí solo, muy someramente, los criterios económicos. Pero hay otros que pasamos a enumerar:

1.-Sería necesario asegurar una neutralidad fiscal entre modos: mientras que la carretera no tiene exenciones y paga la totalidad del Impuesto Especial de Hidrocarburos (con una más que anecdótica devolución de una mínima parte vía gasóleo profesional) los otros modos de transporte están exentos de este impuesto. 

Por otra parte, solo se pretende gravar a los camiones, no al transporte de viajeros ni a los vehículos ligeros ni particulares. ¿No contaminan? ¿No congestionan? ¿No causan accidentes? Ya que las principales razones para tarificar son medioambientales y de seguridad vial, sería más lógico imponer peajes a los vehículos ligeros que a los camiones, que tienen en contra una mayor contaminación por un mayor consumo, pero en accidentes y congestión son otros más responsables que el vehículo pesado.

2.-Facturación y repercusión del coste del peaje: como sucedió en Francia y que fue lo que tumbó la Ecotasa, el Gobierno al imponer los peajes a los camiones tendría que imponer en factura una casilla independiente, como la del IVA, donde se reflejara el coste del peaje que debe repercutir el transportista y además, una política de precios exigente que obligara a no poder bajar el precio del transporte por parte del transportista para asumir el coste del peaje.

Así, como sucedió en Francia, serían los cargadores y los productores los encargados de luchar y protestar contra la euroviñeta, peaje o como  quiera ser llamado, y no los transportistas.

3.-Destino final de los ingresos: hay quien defiende que debieran tener un destino finalista otros que estiman que no. ¿Qué es esto? La Directiva que fija la euroviñeta deja libre elección a los Estados miembros para hacer con lo recaudado con los peajes a camiones lo que estimen conveniente. Un destino finalista implicaría revertir todo lo recaudado en el sector del transporte: mejora y ampliación de las infraestructuras existentes, desarrollo de políticas de seguridad vial, medioambientales, etc.

Las constructoras estiman que los camiones son los principales causantes del deterioro de las infraestructuras y como tal tienen que contribuir a su mantenimiento y reparación. Ahora mismo, estiman que hay un déficit de 2300 millones de euros. Es decir, serían necesarios todos esos millones solo para tener un adecuado mantenimiento de la red actual de carreteras.

Y llegados a este punto solo podemos hacer un comentario, y es que si se está hablando del tema de los peajes es gracias a la presión de las constructoras que ven en la recaudación de los peajes un filón para que Fomento vuelva a poner obras en marcha que las mantengan a ella con vida, por mucho que lo nieguen y se ofendan cuando se les saca esta verdad a la luz.

Como hemos señalado en la introducción, el transporte ya contribuye en exceso al mantenimiento de las carreteras. Lo que sería deseable es que el Estado hiciera mejor uso de uestros impuestos y elaborara unos presupuestos más acordes con las necesidades  reales (por ejemplo, un poquito menos de AVE y un poquito más a carreteras).

4.-Encarecimiento de los productos y falta de competitividad: por coherencia, los peajes tendrían que repercutirse en los precios del transporte, al final sería el consumidor final quién tendría que asumir el coste del peaje, lo que implica un ligero encarecimiento del producto transportado. España está atravesando una pequeña recuperación económica basada en parte en las exportaciones y en el turismo.

Pero, nuestras exportaciones son sobretodo productos agrícolas y otros productos de escaso valor, el peaje los encarecería por encima de lo que un consumidor del norte de Europa estaría dispuesto a pagar, quien volvería sus ojos hacia esos mismos productos pero de países con menos coste o bien de mercados de cercanía

Por si hemos generado alguna duda, no se está tratando ahora de discutir entre los transportistas y Fomento si se va a negociar el establecimiento de peajes o no. El sector ha dejado bien claro que no acepta la imposición de peajes de ningún tipo se den las circunstancias que se den ya sean de justicia divina o poética. A lo más que se ha llegado es a asumir la voluntariedad de un Plan de Desvío de camiones, que ya es sobradamente conocidos por todos. Que se supone que entra en vigor el próximo 1 de julio con seis tramos de carreteras nacionales, pero que a día de hoy, ni Fomento, ni las concesionarias implicadas han dicho nada de cómo se va a aplicar.

Se trataría, de obtener unos resultados positivos, de hacer extensivo este plan a unos cuantos tramos más de carreteras nacionales, pero sin perder nunca el carácter voluntario.