FENADISMER propone una serie de medidas fiscales para los autónomos, encaminadas a equiparar la carga fiscal de los autónomos y las sociedades, porque a día de hoy, los autónomos soportan una mayor carga fiscal que las empresas por lo que demandan cambios importantes en su fiscalidad.

Hay casi dos millones de autónomos, personas físicas, en España, que ejercen su actividad económica solos (o con asalariados) pero que no están integrados en ningún tipo de estructura societaria (sociedades anónimas, limitadas, cooperativas, etc.). Un porcentaje importante de estos autónomos trabajan en el sector del transporte, son una fuente de riqueza indiscutible para el país y a día de hoy los mayores creadores de empleo.

Así las cosas, lo lógico es pedir como mínimo una equiparación en la carga fiscal entre los autónomos y las sociedades mercantiles. Porque mucho se habla de los módulos, a los que por cierto son ya pocos los autónomos del transporte que pueden acogerse y que corren serio riesgo de desaparecer a partir del 1 de enero de 2019, salvo que el nuevo Gobierno decida prorrogarlos por un nuevo período. Estos autónomos, que tendrán que abandonar los módulos, se verán obligados a tributar en el IRPF en la Estimación Directa, donde el cálculo se hace por diferencia de ingresos y gastos, pero donde no pueden acogerse a la infinidad de deducciones que sí tienen las sociedades en el Impuesto de Sociedades, que disminuye considerablemente la cuota a pagar a Hacienda, además de la diferencia de tipos de tributación que veremos a continuación.

Esta situación hace que los autónomos demanden cambios en su fiscalizad, y hace todavía más urgente una importante reforma fiscal o cuando menos la introducción de una serie de medidas fiscales que equiparen al autónomo con las sociedades.

Éstas son las medidas fiscales para los autónomos que propone FENADISMER para conseguir un sistema fiscal más justo:

La remuneración del autónomo tiene que ser un gasto deducible

Considerar la retribución que el trabajador autónomo tiene periódicamente por su trabajo personal realizado como gasto deducible, de forma que el importe de los ingresos se disminuya también en la cuantía de esta retribución, como otros gastos necesarios para prestar el servicio que corresponda (gasóleo, amortizaciones, etc.).

Se trata de equiparar los gastos deducibles en los autónomos y en las sociedades mercantiles. Si en las sociedades mercantiles la retribución que hace la misma a los trabajadores de la sociedad y a los propios socios, que prestan trabajos de administrador o consejero, son gastos deducibles, igualmente debe considerarse la remuneración que el trabajador autónomo se hace por la realización de su trabajo personal.

La propuesta de FENADISMER concreta que se considere como gasto deducible, en concepto de retribución del autónomo, el importe de la base de cotización que el autónomo haya elegido para cotizar a la Seguridad Social. Porque esto además conllevaría la ventaja añadida de:

  1. Muchos autónomos, que ahora cotizan por la base de cotización mínima en una amplia mayoría, se pensarían subir de base de cotización para aumentar el gasto deducible, deducir los ingresos y la tributación a Hacienda a la vez que su cotización se aproxima a sus ingresos reales.
  2. Subir la base de cotización a un equivalente, o próximo, a los ingresos reales del autónomo conlleva además mayores ingresos en las arcas de la Seguridad Social, pero sobre todo que el autónomo cobrará una cuantía por las prestaciones que le correspondan (incapacidad, jubilación, maternidad…) más próximas a sus ingresos reales, por lo que se reducirá la brecha entre trabajadores asalariados y autónomos en relación con los ingresos en periodos tan delicados como la jubilación o una incapacidad laboral.

Este límite, que coincidiría con la base de cotización del autónomo, tributaría como rendimientos del trabajo personal, aplicándole las normas tributarias que corresponden (en materia de límites exentos, deducciones, etc.) que al resto de trabajadores que no son autónomos (personas físicas). El exceso de esa cuantía considerada como rendimiento del trabajo personal u otros ingresos derivados de sus actividades económicas, sí, que tributen como ingresos procedentes de las actividades económicas.

Mismo tipo impositivo para los beneficios

La segunda petición, para seguir eliminado discriminaciones a la hora de tributar entre los autónomos personas físicas y las sociedades mercantiles, es que al mismo beneficio se le aplique el mismo tipo impositivo. Es decir: el tipo general que se aplica a las sociedades para calcular su tributación es el 25% para 2017 sobre su base imponible, que es la diferencia entre ingresos y gastos (recordamos que entre los gastos se incluye la remuneración a los socios por su trabajo en la sociedad), mientras que los autónomos personas físicas, de su beneficio o base imponible (de la que no pueden deducir actualmente como gasto su propia remuneración) pagan entre un 19% y un 45%, según el importe de la base y la comunidad autónoma de tributación, porque el IRPF es un impuesto progresivo, a más ingresos, mayor porcentaje de tributación.

Es decir, un transportista persona física (autónomo) que tiene sus vehículos a su nombre, sus tarjetas, su gestor de transporte, etc. y obtiene un beneficio de 40.000 euros paga de media un 37% a Hacienda por IRPF, mientras que otro que lo haga vía una sociedad mercantil pagará máximo un 25% en el Impuesto de Sociedades (normalmente es mucho menos porque hay deducciones sobre la cuota que no son accesibles para los autónomos).

IRPF

Desde (€)        Hasta(€)         %

0                      12.450             19

12.450             20.200             24

20.200             35.200             30

35.200             60.000             37

60.000             —–                 45

¿Es discriminatorio sí o no? Para FENADISMER lo es, y además choca frontalmente con el artículo 38 de la Constitución Española donde se reconoce la libertad de empresa. Con esta diferencia a la hora de tributar, no hay libertad de empresa que valga.

Pero, además, el IRPF es un impuesto que tiene en cuenta la situación familiar del sujeto pasivo y la procedencia de los ingresos: no tributan igual los rendimientos de la base general del impuesto (del trabajo, de la actividad empresarial o profesional), que ya hemos visto que pueden tributar hasta un 45%, que otros, por ejemplo, los del ahorro, que tributan a un máximo del 23%.

Esta diferenciación, que ya existe, entre las rentas del ahorro y de la actividad personal, empresarial o profesional, justifica el poder diferenciar en el IRPF las rentas obtenidas por el autónomo derivadas de su actividad empresarial y el resto, teniendo que tributar las primeras a un tipo fijo, tomando como referencia el que ya existe para el Impuesto de Sociedades, el 25% como norma general.

Por qué los autónomos no pueden deducirse dietas por la realización de su trabajo

En el sector de transporte por carretera, los conductores cobran dietas de forma habitual. Forma una parte importante de su salario, de hecho. Cuando estas dietas por desplazamientos (incluye manutención y pernoctación) no sobrepasan las cantidades fijadas por el IRPF, están exentas de tributación, no se suman a los ingresos (nómina en el caso de los trabajadores asalariados, porque no se consideran rendimientos del trabajo) pero sí se cobran.

Sin embargo, los autónomos que realizan la misma actividad no pueden incluir esa cantidad en concepto de dietas y dejarla exenta de tributación por el mero hecho de ser autónomos. Los gastos en concepto de manutención y pernoctación son más ingresos para ellos y tienen que tributar como rendimientos de su actividad empresarial.

Como la única diferencia entre que tributen o no, no es la actividad sino la condición de quien percibe la dieta, FENADISMER considera injusta y discriminatoria esta diferenciación. Igual que se controlan los gastos de dietas en el caso de los asalariados (tienen que estar justificadas con los correspondientes tickets y facturas) pueden estarlo en el caso de los autónomos.

Los autónomos demandan cambios importantes en su fiscalidad

1.-Que la remuneración del autónomo se considere gasto deducible como sucede con la retribución de los socios de las sociedades mercantiles con el límite de la base de cotización elegida libremente por el autónomo.

La cuota a la Seguridad Social seguirá siendo gasto deducible, como hasta ahora.

2.-Que se aplique a las rentas obtenidas de la actividad empresarial en el IRPF un tipo fijo, como en el Impuesto de Sociedades, y no progresivo en función de los ingresos como es ahora, que oscila entre el 19% y el 45%, mientras que las sociedades tributan máximo por el 25%.

3.-Que los gastos de manutención y pernoctación en los límites comprendidos en la Ley del IRPF estén exentos de tributación para los autónomos como lo están para los conductores asalariados.